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viernes, 18 de diciembre de 2015

Nuestro medio interno.

Los líquidos corporales, especialmente aquellos que quedan fuera de nuestras células, constituyen nuestro medio interno de nuestro organismo. Estos líquidos, al estar en contacto íntimo con las células, deben mantenerse dentro de unos límites muy estrechos en composición y características y esto representa el primer ejemplo de necesidad de homeostasia corporal.
Nuestro medio interno esta constituído por un alto porcentaje de agua, y esta representa las dos terceras partes del peso corporal. Pero esta proporción varía con la edad y la estructura. Por ejemplo, en lactantes aumenta, en las mujeres disminuye y, además, también varía según la proporción de grasa, de ahí que se exprese la proporción de agua en relación a la masa corporal, y en este caso, el agua representa entre el 60 y el 70 % de la masa corporal de un individuo.
En esta agua corporal, hay disueltos aniones y cationes como son el sodio, hidrógeno, potasio, calcio y magnesio, además de proteínas, cloruros y bicarbonatos que son los aniones. Estos solutos se distribuyen entre los distintos compartimentos del agua corporal por procesos activos como el de la pinocitosis (introducir un cuerpo dentro de la célula) y el transporte activo. La distribución de solutos determina la distribución del agua entre los distintos compartimentos del agua corporal por transportes y procesos activos. Esta distribución determina la del agua. 

Metabolismo del hierro. No a la anemia.

La anemia es la falta de hierro en el organismo. Muchas personas padecen anemia sobre todo por la falta de hierro que hay por ejemplo en las lentejas, carne... Para ello, hay pastillas o medicamentos que nos aportan este hierro que nos falta, pero nunca nos preguntamos como funciona su metabolismo.

 El hierro es esencial para el transporte de oxígeno ya que este se une al hierro de la hemoglobina. El hierro se absorbe en la primera parte del intestino delgado por transporte activo y su absorción es más fácil en estado ferroso que férrico. En el transporte activo participa una proteína transportadora, la ferroportina. El transporte activo se produce en dos etapas: en primer lugar de la luz intestinal a la mucosa intestinal y en la segunda etapa desde el interior de esas células hasta el plasma. Este hierro absorbido o el hierro liberado por la destrucción de los glóbulos rojos en el plasma nunca está libre sino que se combina con una beta-globulina que es la apotransferrina formando un compuesto con el hierro llamado transferrina. Esta lleva el hierro hacia la médula ósea, y el hierro en exceso a los lugares de depósito. El hierro puede depositarse en todas las células pero especialmente en las hepáticas, de hecho es el lugar donde se almacena el sesenta por ciento del hierro en exceso. Al llegar al hígado el hierro se libera de la apotransferrina y se combina con otra proteína que es la apoferritina, formando un compuesto llamado ferritina, que es el hierro en depósito. Esta ferritina cede la cantidad de hierro necesaria para su uso. El hierro puede también almacenarse de una forma mucho más insoluble, llamada hemosidenina (que forma grandes acúmulos en las células). Este tipo de almacenamiento solo ocurre cuando la cantidad de hierro en el organismo es superior al que puede contener la apoferritina.